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Entrevista del Clúster de la Indústria Química de les Illes Balears (CliQIB) a nuestro Colegiado Miguel Ángel Galmés: "Del turismo al laboratorio de innovación sostenible: la Mallorca que imagina Miguel Galmés"

El ingeniero industrial colegiado del COEIB y director de Sostenibilidad de TUI propone en Mallorca 2040 repensar las reglas del juego para convertir la isla en un referente mediterráneo de innovación sostenible.

¿Y si los grandes retos de Mallorca no se resolvieran con más normas, sino rediseñando las reglas del juego? En Mallorca 2040, Miguel Ángel Galmés, ingeniero industrial colegiado del COEIB y director de Sostenibilidad de TUI, plantea una visión ambiciosa para transformar la isla en un referente mediterráneo de innovación sostenible, capaz de compatibilizar prosperidad, cohesión social, protección del territorio y calidad de vida.

Tecnología, vivienda, turismo, inteligencia artificial, democracia digital, movilidad autónoma o gemelos digitales forman parte de una reflexión que pretende mirar más allá de la próxima temporada turística. El objetivo, explica Galmés, es abrir el debate sobre qué Mallorca queremos construir de aquí a 2040 y qué legado queremos dejar a las próximas generaciones.

En esta entrevista, el colegiado del COEIB aborda algunas de las principales ideas de su propuesta y reflexiona sobre las oportunidades —y también las resistencias— que afronta la isla para transformar su modelo.

«Mallorca 2040 nace de un vínculo emocional con la isla y de la inquietud por dejar un legado»

¿De dónde nace este Mallorca 2040, una visión?

«La crisis de los 50, supongo…», responde entre risas.

Bromas aparte, Galmés explica que el proyecto es el resultado de varias inquietudes personales y profesionales. Por un lado, un fuerte vínculo emocional con Mallorca, la isla en la que creció y a la que regresó después de pasar 16 años fuera. Hoy es también el hogar de su mujer y de sus tres hijos.

A ello se suma su interés por «la innovación tecnológica, por las ideas libres, sin límites culturales ni dogmas» y una inquietud personal por «definir un legado o propósito».

Nuevas reglas para nuevos retos

Usted sostiene que el principal problema de Mallorca no son las personas, sino las reglas del juego. ¿No es también una forma de esquivar responsabilidades políticas, empresariales o sociales concretas?

Para Galmés, uno de los grandes desafíos reside precisamente en la complejidad de gestionar sociedades cada vez más diversas.

«Las personas somos emocionales. Gestionar personas es gestionar sus emociones. Lo vemos en nuestras empresas cada día: gestionamos empleados y gestionamos clientes. Algunas empresas lo hacen de una manera y otras de otra, con resultados diversos. A nivel de sociedad, este reto es aún mayor».

En un contexto de creciente fragmentación, considera «prácticamente imposible» encontrar un liderazgo capaz de aglutinar a una amplia mayoría social. Por ello propone desplazar parte del foco desde las personas hacia las reglas.

«De la misma manera que como sociedad nos dimos unas normas de tráfico para no chocarnos en cada cruce, creo que podemos y deberíamos darnos unas nuevas reglas de convivencia aptas para los retos de 2040 y las décadas siguientes».

Tecnología al servicio de los objetivos de la sociedad

En su documento hay una gran confianza en la tecnología, los datos y los incentivos. ¿Cuál cree que es el mayor riesgo de intentar resolver problemas humanos complejos mediante sistemas, algoritmos y métricas?

«Soy ingeniero y creo en la tecnología como una herramienta para alcanzar un objetivo. Para cortar un tomate, lo mejor es un cuchillo afilado», señala.

Pero introduce inmediatamente una condición: la tecnología no puede sustituir a la voluntad de la sociedad. «Nada de esto avanzará si la sociedad no quiere: la voluntad del pueblo es la clave del éxito». De ahí que defienda «diseñar las reglas del juego que permitan alcanzar los fines que la sociedad libremente se marque».

Como ejemplo señala el sufragio universal, donde un sistema basado en procedimientos y mecanismos de votación permite tomar decisiones colectivas y elegir representantes. Su propuesta consiste en trasladar esa lógica a otros desafíos contemporáneos: definir primero los objetivos colectivos y utilizar después las tecnologías disponibles para facilitar su consecución.

¿Cuánto cuestan realmente las cosas?

Defiende que los precios deberían reflejar todos los costes ambientales y sociales. Si aplicáramos ese principio de forma estricta, ¿Mallorca tendría que ser hoy mucho más cara para quienes la visitan, invierten o consumen sus recursos?

«Pues no lo sé. Habría que verlo», admite.

La idea surgió, explica, a partir de algo tan cotidiano como comparar plátanos de Canarias con bananas de Colombia. Más allá del precio, se preguntó qué sucedería si el consumidor pudiera conocer también las consecuencias sociales, económicas o ambientales asociadas a cada producto.

Trasladado a Mallorca, pone como ejemplo productos como el cordero, la almendra, el vino, la patata o el tomate local, que a menudo compiten en precio con productos procedentes de mercados muy alejados.

Su propuesta no pasa necesariamente por introducir nuevos impuestos o subvenciones. «No quiero impuestos ni subvenciones, pero sí información transparente de cuál es el impacto total de un cordero mallorquín y de un cordero de Nueva Zelanda».

La cuestión, por tanto, es que el consumidor disponga de información suficiente para incorporar al precio factores que actualmente permanecen invisibles.

Menos visitantes no tendría por qué significar menos éxito

Su propuesta cuestiona la obsesión por medir el éxito a partir del crecimiento turístico. Si dentro de diez años Mallorca recibiera menos visitantes, pero ofreciera una mejor calidad de vida a sus residentes, ¿consideraría que el modelo ha triunfado?

«Sí», responde Galmés.

A su juicio, existe una percepción social de que los buenos resultados del turismo no se traducen necesariamente en una mejora equivalente de la vida cotidiana de buena parte de la población.

«La gente debe tener la sensación de que progresa, de que las cosas les van mejor que hace cinco años. Y eso no es el caso. Y encima, a su alrededor, todos hablan de lo bien que va el turismo… Eso genera más frustración».

No obstante, Galmés también reivindica la aportación que el turismo ha realizado al desarrollo de Mallorca y advierte contra una lectura excesivamente simplificada del sector.

«En honor a la verdad, todos deberíamos reenfocar la mirada y recordar todo aquello que sin turismo no tendríamos. Hay infinidad de cosas buenas que damos por sentadas, pero sin turismo no estarían».

Robotaxis, gemelos digitales y un «MIT del turismo»

Robotaxis, democracia digital directa, gemelos digitales, turismo-laboratorio… ¿Cuál de sus propuestas cree que genera más incredulidad y, al mismo tiempo, tiene más posibilidades reales de hacerse realidad?

«Soy un poco freaky. Lo reconozco. Me gustan los retos. Las innovaciones», afirma.

Muchas de las tecnologías que plantea, recuerda, no pertenecen a un futuro lejano: ya existen. La cuestión sería encontrar espacios y condiciones adecuadas para probarlas.

Sobre los robotaxis, propone estudiar experiencias piloto en entornos controlados como Playa de Palma. En democracia directa, mira hacia el modelo suizo y su tradición de consultas ciudadanas como inspiración ante la creciente desafección hacia la política.

Los gemelos digitales son, para Galmés, otra herramienta con un gran potencial: «Es el simulador de vuelo de cualquier cosa. Inversión baja, resultados altos».

Y entre sus propuestas destaca especialmente la creación del CITIB, Centro de Innovación de Turismo de las Illes Balears, concebido como un espacio capaz de concentrar conocimiento, tecnología, experimentación y talento alrededor de una industria en la que Baleares dispone de una experiencia difícilmente replicable.

«¿Quién, si no nosotros, tiene los mimbres para crear el MIT del turismo?», se pregunta.

Vivienda: el gran problema de la Mallorca actual

¿El principal problema de Mallorca es la falta de ideas o la incapacidad para ejecutar o dar continuidad a las que ya existen?

Galmés sitúa otro asunto por delante de ambos: «El principal problema de Mallorca actualmente es la propiedad inmobiliaria y todo lo relacionado con ella».

En cuanto a la capacidad innovadora de la sociedad mallorquina, considera que existe una base especialmente fértil. El humor, la capacidad de reírse de uno mismo y la convivencia permanente con personas procedentes de otros países favorecen, en su opinión, «una mente abierta y llena de ideas».

Las dificultades aparecen a la hora de convertirlas en realidad.

«Culturalmente sí que veo más barreras para que esas ideas se materialicen. Somos introvertidos, algo desconfiados, un poco envidiosos y nos afecta mucho, en nuestra pequeña Mallorca, “el qué dirán”».

Una resistencia que reconoce haber experimentado personalmente: «A mí me ha costado dar a conocer mi documento».

¿Ideas para los próximos programas electorales?

Usted mismo afirma que esta visión recoge propuestas que pueden agradar a ciudadanos de cualquier ideología política. Algunas encajan más con postulados tradicionalmente asociados a la izquierda y otras con la derecha. ¿Cree que veremos alguna de sus propuestas reflejada en los programas electorales del próximo año?

La respuesta de Galmés es tan breve como expresiva:

«Jajajajaja. No».

Una invitación a pensar Mallorca a largo plazo

Más allá de que las propuestas concretas de Mallorca 2040 generen acuerdo, discrepancia o incluso incredulidad, la reflexión de Miguel Ángel Galmés plantea una cuestión especialmente relevante para una sociedad acostumbrada a debatir sus problemas en ciclos muy cortos: ¿cómo queremos que sea Mallorca dentro de quince o veinte años?

Su visión propone utilizar la ingeniería, la innovación y la tecnología no como fines en sí mismos, sino como herramientas para experimentar con nuevas soluciones y diseñar modelos que permitan equilibrar actividad económica, territorio y bienestar social.

Convertir Mallorca en un laboratorio mediterráneo de innovación sostenible supondría, desde esta perspectiva, aprovechar algunas de sus mayores singularidades —su dimensión, su liderazgo turístico, su capacidad empresarial, su talento y su condición insular— para probar soluciones que posteriormente puedan trasladarse a otros territorios.

Una conversación que, desde la ingeniería, invita a levantar la mirada de los problemas inmediatos y pensar en el largo plazo: no solo en la Mallorca de la próxima temporada, sino en la Mallorca de 2040.

La conversación completa con Miguel Ángel Galmés, en la que desarrolla con mayor profundidad las propuestas y reflexiones recogidas en Mallorca 2040, una visión, puede consultarse en la web del Clúster de la Indústria Química de les Illes Balears (CliQIB).

Puedes leer la entrevista completa en el siguiente enlace:

Del turismo al laboratorio de innovación sostenible: la Mallorca que imagina Miguel Galmés

 
Se adjunta el pdf. completo de "Mallorca 2040"

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