El 4 de septiembre de 1850 se dictó el Real Decreto que organizó la enseñanza industrial en España. La norma, fechada ese día en Palacio, fue posteriormente publicada en la Gaceta de Madrid el 8 de septiembre de 1850.
El decreto estuvo precedido por una exposición elevada a la Reina Isabel II por el entonces ministro de Comercio, Instrucción y Obras Públicas, Manuel de Seijas Lozano, también fechada el 4 de septiembre de 1850.
Una enseñanza para responder a las necesidades de la industria
La exposición que precede al Real Decreto permite conocer directamente las razones que llevaron al Gobierno de la época a impulsar esta nueva organización de los estudios.
El texto planteaba la necesidad de crear escuelas en las que quienes quisieran dedicarse a las actividades industriales pudieran adquirir los conocimientos necesarios para destacar en las artes y alcanzar una elevada preparación en química y mecánica.
La nueva enseñanza se concebía, además, como una forma de orientar a los jóvenes hacia las ciencias de aplicación y formar en España profesionales suficientemente preparados para unas actividades para las que, según reconocía el propio documento, todavía era necesario recurrir en ocasiones a especialistas procedentes de otros países.
El Gobierno manifestaba también su voluntad de implantar las nuevas escuelas de manera progresiva, comenzando por sus elementos más sencillos y desarrollándolas a medida que se dispusiera de profesores y medios suficientes.
Tres niveles de enseñanza industrial
El artículo primero del Real Decreto estableció tres clases de enseñanza industrial:
Elemental, de ampliación y superior.
El propio decreto diseñó estos niveles de forma progresiva, de manera que los alumnos de la enseñanza elemental pudieran acceder a la de ampliación y, desde esta, a la superior.
La enseñanza elemental debía impartirse en aquellos Institutos de primera clase en los que resultara conveniente y existieran medios para sostenerla.
La enseñanza de ampliación se establecía inicialmente en Barcelona, Sevilla y Vergara.
La enseñanza superior, por su parte, se impartiría exclusivamente en Madrid, en una institución creada por el propio decreto: el Real Instituto Industrial.
Una formación científica, técnica y práctica
El Real Decreto regulaba con considerable detalle los conocimientos que debían adquirir los alumnos.
La enseñanza elemental comprendía un curso preparatorio y tres años de carrera. Entre las materias previstas figuraban aritmética, álgebra, geometría, trigonometría, dibujo lineal, modelado, principios de mecánica y física, química y sus aplicaciones a la industria.
La enseñanza de ampliación profundizaba en materias como álgebra y geometría, geometría analítica, cálculo infinitesimal, física experimental e industrial, geometría descriptiva, mecánica pura y aplicada, mecánica y tecnología industrial, química aplicada a las artes, delineación y modelado.
Finalmente, la enseñanza superior diferenciaba entre la formación de mecánicos y químicos e incorporaba, además de una mayor especialización técnica, materias como historia natural y mineralogía aplicadas a las artes, higiene industrial, construcción de máquinas, análisis químico y economía y legislación industriales.
Resulta especialmente significativo comprobar cómo, ya en 1850, el modelo formativo combinaba ciencias básicas, conocimientos técnicos, dibujo, laboratorio, construcción de máquinas, economía, legislación y práctica industrial.
Del aula a las fábricas y talleres
Otro de los aspectos destacables del Real Decreto es la importancia que concedía a la formación práctica.
Para las escuelas de ampliación y superior se contemplaban lecciones, estudio individual, repasos con ayudantes, ejercicios de delineación y modelado y prácticas en los talleres y laboratorios de las propias escuelas.
Pero el decreto iba todavía más lejos: establecía la realización de prácticas en fábricas y talleres particulares, para lo cual el Gobierno debía procurar acuerdos que permitieran a los alumnos participar en sus trabajos y adquirir la habilidad y destreza necesarias para las operaciones industriales.
Una concepción de la formación técnica estrechamente vinculada, desde sus propios orígenes, con la realidad de la industria.
Laboratorios, talleres, máquinas y una biblioteca científico-industrial
La norma no se limitaba a definir asignaturas. También establecía los medios materiales con los que debían contar las escuelas industriales.
Entre ellos figuraban aulas para las explicaciones, salas de delineación y modelado, instrumentos de topografía y agrimensura, un gabinete de física, un laboratorio de química, colecciones de materias primas y productos industriales, modelos de máquinas, aparatos y herramientas, máquinas destinadas a ejercicios prácticos, una biblioteca científico-industrial y un taller para la formación práctica de los alumnos.
El Real Decreto diseñaba así una enseñanza en la que los conocimientos científicos debían estar acompañados por la experimentación y la aplicación práctica.
El Real Instituto Industrial de Madrid
Una de las principales decisiones del decreto fue la creación en Madrid del Real Instituto Industrial, al que correspondía impartir la enseñanza superior.
El Instituto debía contar también con una escuela elemental y otra de ampliación, destinadas a servir de modelo para las de sus respectivas clases en las provincias.
Además, quedaban vinculados al Real Instituto el Conservatorio de Artes, un Museo Industrial que debía crearse y escuelas subalternas de artes y oficios que servirían también para los ejercicios prácticos de la enseñanza elemental.
¿Qué títulos establecía realmente el Decreto de 1850?
Este es uno de los aspectos en los que conviene ser especialmente precisos al recordar la efeméride.
El Real Decreto establecía distintos títulos según el nivel y los estudios realizados.
Los alumnos que completaban los tres cursos de las escuelas elementales obtenían un certificado de aptitud para las profesiones industriales. Quienes cursaban además el cuarto año y superaban el correspondiente examen general podían recibir el título de maestro en artes y oficios.
Los alumnos que finalizaban las escuelas de ampliación recibían el título de profesor industrial.
A partir de ahí aparecían ya expresamente las titulaciones de ingeniería. Quienes cursaban la especialización correspondiente podían obtener el título de ingeniero mecánico de segunda clase o de ingeniero químico de segunda clase. Quien reunía ambos títulos recibía la denominación de ingeniero industrial de segunda clase.
En la enseñanza superior se otorgaban los títulos de ingeniero mecánico de primera clase e ingeniero químico de primera clase. Quienes reunían ambos adquirían el título de ingeniero industrial.
Por tanto, el Real Decreto de 1850 no se limitó a crear genéricamente unos “estudios de Ingeniería Industrial”, sino que estableció un verdadero sistema de enseñanza industrial, articulado en distintos niveles y con diferentes titulaciones, dentro del cual aparece expresamente la figura del ingeniero industrial.
Una enseñanza que debía implantarse progresivamente
El decreto constaba de 72 artículos distribuidos en doce títulos y regulaba, además de los planes de estudio, los medios materiales de las escuelas, el profesorado, los alumnos, el método de enseñanza y los exámenes, los títulos, el gobierno de los centros y su financiación.
Sus disposiciones transitorias establecían que la enseñanza conforme al nuevo plan no comenzaría hasta septiembre de 1851 y señalaban expresamente que no se implantaría desde el primer momento en toda su extensión, sino progresivamente, conforme se fueran formando profesores y reuniendo los medios necesarios.
El decreto disponía asimismo la creación inmediata en el Conservatorio de Artes de Madrid de una escuela normal industrial para la formación de profesores destinados a las demás escuelas.
176 años de una fecha fundamental para la Ingeniería Industrial
El Real Decreto de 4 de septiembre de 1850 constituye un documento fundamental para comprender los orígenes de la enseñanza y de la profesión de Ingeniero Industrial en España.
Su lectura muestra la voluntad de construir una formación científica y técnica vinculada directamente con las necesidades de la industria, combinando conocimientos teóricos, experimentación, talleres y experiencia práctica en establecimientos industriales.
176 años después, muchos de aquellos principios —la formación multidisciplinar, la aplicación de la ciencia a la industria, la integración de conocimientos técnicos y económicos y la estrecha relación entre formación y realidad empresarial— continúan formando parte de la identidad de la Ingeniería Industrial.
Desde el Colegio Oficial de Ingenieros Industriales de Baleares (COEIB) queremos recordar este 4 de septiembre aquella disposición que marcó un hito en la organización de las enseñanzas industriales en España y rendir homenaje a las generaciones de ingenieros industriales que, desde entonces, han puesto sus conocimientos al servicio de la industria y de la sociedad.
El Decreto original, a disposición de nuestros colegiados y lectores
Con motivo de esta efeméride, se adjunta a este artículo una copia del Real Decreto de 4 de septiembre de 1850, tal como fue publicado en la Gaceta de Madrid del 8 de septiembre de 1850.
Invitamos a nuestros colegiados y a todas las personas interesadas en la historia de la Ingeniería Industrial a consultar este documento, que permite acercarse directamente a los orígenes de nuestra formación y nuestra profesión.
Documento adjunto: Real Decreto de 4 de septiembre de 1850, publicado en la Gaceta de Madrid n.º 5900, de 8 de septiembre de 1850.