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Entrevista de Diario de Mallorca a Mateu Oliver, decano del Colegio Oficial de Ingeniería Industrial las Islas Baleares: «Nuestros hijos tienen la percepción de que no hay futuro, y hay más que nunca»

Mateu Oliver (Palma, 1973) es ingeniero industrial por la Politècnica de Catalunya, graduado en informática por la UOC, Decano desde hace cinco años del Colegio Oficial de su especialidad en Balears donde «no cambiaré los estatutos para perpetuarme», propietario de la empresa Cima20 de riesgos laborales y catequista.
 
Para que se haga cargo del tipo de entrevista: «¿Se puede tener demasiada personalidad?».
Qué pregunta, tío. En general somos poco humildes, y en tu empresa haces un poco lo que quieres. En el Colegio he aprendido a que otros te digan que estás equivocado, a aceptar que no siempre tienes razón.
 
¿El turismo es una industria?
Me gustaría, pero no lo es. La minería explota unos recursos hasta que se agotan, la industria regenera. A veces, el turismo equivale a una explotación minera, pero tiene la oportunidad de cambiar.
 
Hace veinte años prefería un hotel a una fábrica, hoy no estoy tan seguro.
Nos hemos creído que solo podemos vivir del turismo, y necesitamos variedad para equilibrar. La actividad hotelera es la harina en la pastelería, imprescindible pero si pones demasiada no hay pastel. Nos estamos descompensando.
 
En la Universitat, exigió usted a los jóvenes que nos pasaran por encima.
¿Sabes qué sucede? Tengo una hija de 17 años y doy clases de catequesis para la Confirmación. En mi experiencia veo a los jóvenes con cierto miedo, como si hubieran de pedir permiso, y la vida no es infinita.
 
O sea que es usted católico militante.
Practicante, pero solo porque es un camino para llegar a Dios. Por eso recomiendo que, si no te sirve para darte alegría, deja el catolicismo, porque nuestra obligación consiste en ser felices.
 
En Mallorca no hay políticos nuevos, mandan los herederos de los viejos.
Porque hay que crear las condiciones para que las cosas ocurran. En Mallorca vivimos lo suficientemente bien para tener miedo de perder algo, lo cual genera sopor. El País Vasco supo llevar a cabo una reconversión industrial, y los jóvenes han de tentar la suerte. Soy un fan de la improvisación, porque abre nuevas oportunidades.
 
¿Los malditos ‘boomers’ han arruinado a las generaciones venideras?
A ver, mi padre se lo curró mucho, yo lo he tenido muy fácil, y nuestros hijos tienen la percepción de que no hay futuro, cuando hay más que nunca porque la Inteligencia Artificial lo revolucionará todo. Claro que siempre he sido un optimista.
 
Ándese con ojo, la provocación está mal vista en Mallorca.
Leí un libro titulado ‘Está todo por hacer’, sobre el primer escritorio remoto por web. Demostraba que cada tecnología abría un abanico de posibilidades, una gran lección para la juventud.
 
Dijo usted que un tren no debería descarrilar en una recta.
Adamuz es un toque de atención, el canario en la mina. Como país, no nos podemos permitir que las vías se rompan, y bajar la velocidad denota falta de liderazgo.
 
¿Mallorca también descarrilará?
Espero que no, no soy fatalista, pero cuando eres el campeón cuesta entender que no solo puedes vivir de turismo.
 
¿Su empresa Cima20 de riesgos laborales es saludable?
Lo intentamos, funcionamos en equipo y la fórmula consiste en ser honesto, en decir, pensar y hacer lo mismo. En ser de una pieza.
 
El mayor riesgo laboral es que los empleados no queremos trabajar.
Las empresas han de contar cada vez más con los trabajadores, porque son su esencia, pero es una sintonía difícil de conseguir. Por ejemplo, los sueldos son bajos porque los márgenes se están estrechando, pero la tecnología nos brinda una oportunidad de oro.
 
¿Qué piensa de Zapatero?
Ni de Zapatero ni de Aznar, no hay nada que decir cuando se los pilla con corrupción, porque te has de fiar del sistema. No puedes dejar el cerebro en un cajón y reaccionar según se trate de un político o de otro.
 
Todo ingeniero industrial mallorquín se mide a Feliciano Fuster.
No lo conocí, pero hay que rendir honores a un pionero que sirvió de punta de lanza, cuando no había cable y éramos autosostenibles en electricidad con Gesa.
 
¿Caminos es la aristocracia de las ingenierías?
Cada especialidad tiene su talante, y hubo un tiempo en que los ingenieros de Caminos salían todos de ministros. Los Industriales somos más flexibles, porque tocamos muchos palos. Y distinguirás a los Agrónomos porque son los más sanos y saludables, siempre al aire libre.
 
El femenino de ingeniero no existe.
Creo que es «ingeniera», pero todavía hay pocas mujeres, una de diez en nuestro colegio. Es una pérdida de riqueza, porque los varones son más lineales.
 
¿Le tienta una carrera política?
No, en política se emplea esa expresión terrible de «los tuyos», y yo quiero ayudar como sociedad civil.

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